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| PERSONAJES DEL 68
Por José Luis Hernández Jiménez
Para Miguel Ángel Granados Chapa, por su medalla "Belisario Domínguez" (y faltan Othón Salazar, Arnoldo Martínez Verdugo, Alfonso García Robles, Mario Molina, entre otros)
"¡Ahí vienen los estudiantes, ahí vienen los estudiantes!", gritaba mucha gente y, de inmediato, comerciantes del rumbo de la Merced (DF), cerraban sus negocios. Los trabajadores de éstos, simples macuarros, cargadores, macheteros, como el que esto les platica, solamente corríamos a escondernos. Pasado el susto, todo volvía a la normalidad. Y así durante varios días. Posteriormente, un día de tantos, al estar envolviendo un paquete de cigarros, con papel periódico, llamó mi atención una de las notas ahí descritas. Decía, creo que era el Excelsior, que había habido muchos muertos en Tlatelolco. "¿Por revoltosos?", me pregunté a mi mismo. Un compañero, viendo mi interés en la nota, me dijo: "Luego te presto una revista que habla de eso. La revista se llamaba "Por qué". Efectivamente, dicho ejemplar contenía mucha mas información sobre ese asunto. Y daba nombres de los implicados, Heberto Castillo, Luis Tomás Cervantes Cabeza de Vaca, Eduardo Valle, Marcelino Perelló, Salvador Ruiz Villegas, Gustavo Gordillo, Raúl Álvarez Garín, Armando Castillejos, Tayde Aburto Torres y hasta de un señor que estaba en la cárcel, Demetrio Vallejo. "Puros agitadores profesionales", me dije. "Les van a dar su merecido". Al que el tiempo puso en su lugar fue a mí. La canija realidad, hizo pedazos mi percepción sobre dicho Movimiento y sus líderes. Quizá Dios me castigó por andar tan equivocado ya que tiempo después, a partir de 1974, me involucré en un Movimiento (la creación del Partido Mexicano de los Trabajadores) en el que mis compañeros – que después también se volvieron mis amistades – eran, salvo Garín y Perelló, los mismos a quienes había denominado "agitadores profesionales". Hoy creo que fui afortunado y privilegiado al convivir tantos años con ellos, que fueron como mis maestros en esto de la lucha por un México en el que todo ser humano tenga derecho efectivo a una vida digna, plena y libre, sin discriminaciones ni privilegios, independientemente de su raza, sexo, religión o ideología. A Demetrio Vallejo - único dirigente del Sindicato Ferrocarrilero electo democráticamente casi por unanimidad por sus cerca de 100 mil integrantes de entonces y el único que ha logrado paralizar el país con una huelga de dicha agrupación hace 50 años, por lo cual estuvo preso durante "11 años, cuatro meses y un día", solía decir, y quien fuera estandarte del Movimiento Estudiantil de 1968 - lo acompañé en varias ocasiones en reuniones de tipo partidario y sindicales, por todo el país, incluso dos días antes de su fallecimiento en 1985. Bien merece un homenaje. Lo mismo con el licenciado Armando Castillejos y su Intersindical, quien muriera en un fatal accidente automovilístico en 1981. Algo parecido me ocurrió con Heberto Castillo – Coordinador del Movimiento de Liberación Nacional, dirigente de la Coalición de Profesores del IPN y de la UNAM, que apoyara decididamente al Movimiento Estudiantil del 68, fundador y dirigente de tres Partidos, PMT, PMS y PRD, connotado científico y aguerrido columnista político. A este lo acompañé por todas partes un poco más, hasta su muerte en 1997. A Eduardo Valle – uno de los principales dirigentes de aquel Movimiento y a quien La Jornada y el PRD dieron por fallecido en abril de 2006 y la Revista Día Siete No.424 de El Universal del domingo 28 de septiembre pasado, también dio por muerto "en Texas este 2008", cosa rara pues este periódico sigue publicando sus artículos – lo ví alejarse de la actividad partidaria a partir de que Heberto Castillo declinara su candidatura a la Presidencia a favor de Cuauhtémoc Cárdenas en 1988. Nunca compartió esa decisión. Después de atestiguar el creciente deterioro de la izquierda partidaria, creo que tenía razón. Excelente orador, aguerrido diputado federal y amigo como pocos, sigue dando lata como agudo columnista político. De Luis Tomás Cervantes Cabeza de Vaca supe cuando él era uno de los representantes, junto con Tayde Aburto (quien sigue participando en la lucha pero desde Michoacán) de la actual Universidad de Chapingo, ante el Consejo Nacional de Huelga (CNH) del multicitado Movimiento en 1968. Era capaz, de sacar a la gente de sus casas, gracias a su oratoria de masas, pues lo escuchaban en los pueblos y acudían a verlo en vivo y en directo, cuando el PMT surgía de las entrañas del pueblo. Dice que la primera vez que se murió fue cuando se arrojó al paso de los tanques del ejército que iban a tomar su escuela, allá por Texcoco. La segunda, cuando, ya detenido y encarcelado, otros militares lo sacaron y le hicieron un simulacro de fusilamiento. Ciertamente, él no sabía que se trataba de un simulacro. Su tercera "muerte" ocurrió hace unos cuantos meses, cuando fue a parar al hospital de cardiología. Tendido en su cama hospitalaria lo miré cuando estuvo inconsciente durante ¿dos meses? Hoy lo acabo de volver a tratar para convencerlo de acudir este 2 de octubre a dar una plática a personal del gobierno de Ecatepec, que lo han solicitado. Salvador Ruiz Villegas – "Alma Grande" le decían, y de verdad que está grandote, en aquel entonces, 1968, representante de la Facultad de Ingeniería ante el CNH, también fundador y dirigente del PMT, recién estrenado como escritor ("Malkut, Cuentos de amor del Movimiento de 1968", se llama su libro que presenta el 15 de octubre en la feria del libro en el mero zócalo capitalino - ya no quiere hablar de aquel Movimiento como se ha hablado en los últimos años, mitificándolo y reduciéndolo a los acontecimientos del 2 de octubre. Dice Salvador que aquel Movimiento fue mucho más que eso, fue vida, insurgencia, rebeldía, juventud, creatividad, amor, ideas, democracia, dignidad. Marcelino Perelló – también de los principales dirigentes de aquel Movimiento, a quien después de varios años de no tratarlo, volvía a saludar a propósito de la primera presentación del libro de Salvador en la Facultad de Ingeniería, hace pocas semanas - sigue igual de irreverente como todos los sesentayocheros. Es el mismo caso de Raúl Álvarez Marín (a Gustavo Gordillo lo perdí de vista cuando se convirtió en alto funcionario en los tiempos de JLP) aguerrido hasta las cachas y cuate como siempre. En fin, con todos ellos, me tuve que tragar mis palabras, por lo que pensé de ellos siendo un joven cargador de la Merced, pues no solo me involucré en sus travesuras posteriores a 1968, sino que me dieron el privilegio de ser su amigo, estos y otros personajes del 68. ¿Cómo la ven mis cuates?
México D. F. a 2 de octubre del 2008
Correo electrónico: hernandezjimenez@prodigy.net.mx
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