MEXICO

LA UNIFICACIÓN DE LAS IZQUIERDAS EN MÉXICO,

CHARLA DE JOSÉ LUÍS HERNÁNDEZ JIMÉNEZ

  • En el foro "El Partido Comunista como raíz del PRD"

  • Reflexión hecha en la sede de este instituto político

 

 

Por José Luis Hernández Jiménez

CIUDAD DE MÉXICO.- Se agradece a los organizadores de este evento que invita a la reflexión sobre una parte del pasado y del presente político del país. En especial, le agradezco al joven Javier Gustavo Espinoza, su insistente invitación para que un servidor viniera a platicarles algo al respecto.

La ocasión anterior que estuve en este foro, fue a principios del 2016, cuando don Agustín Basave, quien aquí trabajaba como Presidente nacional de este Partido, Heberto Castillo Juárez y Lídice Rincón Gallardo, presentaron mi libro “Cuando correteábamos utopías”, texto conformado por 189 relatos breves, testimonios personales míos, en algunos de los cuales, hablo de la unificación de las izquierdas.

Permítanme leerles uno de ellos que titulo: “Arnoldo”. Va:

“´Nada mas que llegue Arnoldo`, dijo Valentín Campa. Pasó un rato. De nuevo, la secre de Heberto Castillo, asomó su rostro bajo el marco de la puerta de nuestra desvencijada y casi vacía sala de juntas del octavo piso de aquel edificio, y ahora fue Carlos Sánchez Cárdenas quien musitó `nada mas que llegué Arnoldo´. Pasó un lapso de tiempo mayor. Más de treinta minutos habían pasado desde la hora acordada para iniciar pláticas formalmente.

“El Búho, Eduardo Valle, estruendoso como era, no dejaba de bromear sobre la legendaria impuntualidad mexicana. Pablo Gómez, con sus acostumbrados ademanes que dibujaban un “no hay problema”, exclamó “¡cálmate Eduardo cálmate, tenemos todo el tiempo del mundo!”. Ahora fue don Miguel Ángel Velasco quien, con movimientos nerviosos, dijo: “nadamas que llegue Arnoldo”. Demetrio Vallejo, como viejos camaradas que habían sido durante muchos años, le respondió: “¡Ah que Ratón!”.

“Don Roberto Jaramillo no dejaba de fumar ni de mirar a don Manuel Stephens García que hablaba de algo que tenía que ver con “el Maestro Lombardo”.

“Yo solo los miraba atento. Empezaba a conocer en persona a las “vacas sagradas” del Partido Comunista Mexicano (PCM), del Partido del Pueblo Mexicano (PPM), del Partido Socialista Revolucionario (PSR), del Movimiento de Acción y Unidad Socialista (MAUS). Poco antes, en marzo de 1981, todos ellos habían estado como invitados, en nuestra Asamblea Nacional Extraordinaria. El ingeniero Heberto Castillo me había solicitado estar presente – quizá porque recién me había convertido en Presidente del Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT) en el DF – en esa reunión que trataría lo relacionado con la unidad de la izquierda mexicana. Y como el Comité Nacional de mi Partido, era quien convocaba, no podíamos fallar a la cita que, además, se realizaría en nuestra propia oficina del número 20 de la calle de Bucareli, en el Centro de la Ciudad de México. Pero el tal Arnoldo no llegaba y la reunión no podía comenzar sin él. “¿Tan importante será?” Me pregunté a mi mismo.

“Y sí que era importante don Arnoldo Martínez Verdugo. Se trataba nada menos y nada más que del mero Secretario General del Comité Central del PCM, el más antiguo de los partidos políticos mexicanos, pues fue fundado en 1919. Además, con toda una historia de sacrificios y heroísmo, en la lucha social y política, de muchos de sus integrantes. Se decía que el propio Arnoldo, era un ejemplo vivo de esa entrega a sus convicciones. Por eso mismo desde 1963, había sido electo al cargo más importante de la jerarquía partidaria. Por si fuera poco, en ese momento Martínez Verdugo, también era el coordinador de los diputados de la llamada Coalición de Izquierda, misma que sumaba a los legisladores del PCM y a otros, en total 18, poquitos pero latosos para el sistema.

“En ese momento parecía superada una desavenencia entre “ellos” (PCM y cia.) y “nosotros” (PMT), porque habían aceptado sin chistar la reforma política propuesta por el Secretario de Gobernación, don Jesús Reyes Heroles, cosa que les había dejado altos dividendos – su registro electoral, por ejemplo – y nosotros no. Cruel paradoja, pues nosotros que desde nuestro surgimiento como Partido en 1974, habíamos pugnado porque hubiera registro electoral para todos los que lo solicitaran, terminamos no aceptando el que se nos ofrecía, porque nos parecieron migajas; y ellos, que se habían pasado las últimas décadas, descalificando lo que llamaban la “democracia burguesa”, de inmediato aceptaron lo que el gobierno ofrecía. Por eso tenían diputados y otras prerrogativas.

“El caso es que parecían haber quedado atrás las mutuas descalificaciones, por dicho desacuerdo y estábamos por iniciar pláticas para crear entre todos, un nuevo Partido Político. Pero Arnoldo no llegaba.

“Volvió a asomar su rostro la secretaria; detrás de ella apareció Heberto. Dijo: “propongo que empecemos”. Marcos Leonel Posadas empezó a decir “nadamas que llegue….” Y no terminó la frase. En ese momento apareció en la puerta, jadeante, Arnoldo Martínez Verdugo. Me llamó la atención su sencillez y sus grandes ojeras. “¿No duerme, lee mucho?”, pensé. Todos rieron de buena gana. “¡Venían juntos!”, alguien exclamó. “¿Qué acordaron? ¡Ya dígannos!”, alguien más bromeó.

“Y empezó la sesión:

“´Queremos insistir en nuestra propuesta, dijo Heberto Castillo, de fusionar en un solo Partido, los cinco que ahora representamos…´. Su intervención fue breve, clara y sustanciosa. Luego siguieron los discursos de Arnoldo: ´…pero de carácter socialista´. Miguel Ángel Velasco:´…debe ser comunista´. Carlos Sánchez Cárdenas: ´…sin olvidar que el máximo órgano de Dirección, es el Comité Central´. Valentín Campa: ´…y su himno, La Internacional´. Marcos Leonel Posadas: ´…no olvidar la hoz y el martillo´. Gilberto Rincón Gallardo: ´… por supuesto, estamos pensando que el candidato a la Presidencia de la República debe ser Heberto Castillo´. Tal vez dos horas pasaron de largos discursos.

“Con gesto de fastidio, Demetrio Vallejo pidió la palabra. Hubo un silencio absoluto. ´Compañeros, yo considero que se está entendiendo mal el asunto. El compañero Castillo fue muy claro, se trata de crear un nuevo Partido y ustedes quieren reproducir, cada quien, el suyo, y hasta ya tienen candidato. Eso no es posible…´. Cuando Vallejo terminó su alocución, el ambiente era frío.

“Arnoldo salvó el momento. Propuso que hubiera otra reunión. ´Está bien, dijo Campa, pero hay que legar puntuales´.

Fue la primera de varias sesiones que terminaron por crear el nuevo Partido, el Socialista Unificado de México (PSUM)…¡sin nosotros! Y su candidato a la Presidencia en 1982 fue …¡Arnoldo!”.

Hasta aquí el relato de mi libro.

A partir de lo que les leí, inició una era o época de procesos unificadores de Partidos que se autodenominan, la mayoría de ellos, “de izquierda”. No todos porque, por ejemplo, el Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT), actor importante de esos procesos, nunca se puso esa etiqueta, ya que estaba impregnado de una tesis del filosofo Luis Villoro, destacado militante del PMT, en el sentido de que para él, no existen instituciones de izquierda, o sea, ni partidos de izquierda ni gobiernos de izquierda, ¿por qué?, porque ser de izquierda es una actitud personal, ética, que en esencia significa estar en contra de cualquier tipo de opresión; y en este caso, los partidos son opresores de sus minorías y los gobiernos son opresores de sus gobernados. Entonces, ambas instituciones, no pueden ser de izquierda.

Y esto lo explicaban muy bien los dos principales dirigentes del PMT, Heberto Castillo y Demetrio Vallejo, cuando cuestionaban: “¿A cuál izquierda se refieren, a la leninista, la estalinista, la maoísta, la castrista, la guevarista, la polpotista, cual es la verdadera? Nosotros solo somos un partido de trabajadores, para los trabajadores, para defender y ampliar sus derechos y ya”.

Claro que por esta situación, los llamados partidos de izquierda nos criticaban a cada rato. Mas cuando desde que nacimos como PMT, en 1974, proponíamos una reforma para democratizar el país, con elecciones limpias, un tribunal electoral que calificara los comicios, un organismo autónomo que organizara las elecciones, que en el DF hubiera “gobernador electo, no regente impuesto”, que se respetara la Constitución, etc. Y nos llamaban aperturos, heberturos, carranclanes. Claro, ellos, nuestros amigos comunistas, no eran demócratas porque, decían, lo que pedíamos era la “democracia burguesa”. Ellos estaban por la dictadura, del proletariado, pero dictadura al fin y al cabo.

Aún así, les propusimos crear entre todos un solo partido. La situación del país lo ameritaba. En ese momento, un solo Partido o casi, el PRI, partía, repartía y se quedaba con la mayor parte del poder político del país; dominaba casi todo: al Poder Legislativo, al Ejecutivo, al Judicial, mandaba como patrón, al gobernante del DF, que se denominaba Regente, y era fuente de esa cultura política, yo le llamo priísmo, que todo lo echa a perder; el caudillismo, el presidencialismo, el autoritarismo, el clientelismo, el corporativismo, el paternalismo, el centralismo, el amiguismo, el influyentismo, la ineficacia, la corrupción, por un lado, y por otro, la existencia del principal problema que ha tenido y sigue teniendo, el país: la injusta distribución de la riqueza.

La inseguridad pública empezaba a ser tema cotidiano, junto con el del narcotráfico, manejados por gente incrustada en los gobiernos. Recuérdese que pocos años después, el 30 de mayo de 1984, por denunciar esta situación, mataron a Manuel Buendía, un periodista renombrado. Y uno de los involucrados en dicho hecho, hoy sigue encumbrado políticamente, como Director de una paraestatal y de quien un Embajador gringo dijo, cuando le preguntaron si dicho funcionario podía entrar a los EU, “sí”. “Lo que no sé, aclaró enseguida, es si pueda salir”.

En fin, la situación por la que pasaba nuestro país, era muy difícil. Por ello, a nuestros similares les propusimos aquello de crear entre todos un solo Partido.

Pero aquellas pláticas fueron difíciles, por el asunto de las etiquetas y de los símbolos. Ellos insistían en que el símbolo y formas del nuevo Partido, fueran los del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), o sea, la hoz y el martillo, su himno La Internacional, que se declarara socialista o comunista, que el órgano directivo fuese el Comité Central, integrado con cientos de dirigentes. Todo como una copia del Partido soviético. Nosotros propusimos puros símbolos nacionales y formas prácticas de organización interna. Finalmente arribamos a conclusiones: El nuevo Partido se llamaría Partido Obrero Revolucionario Mexicano (PORM), el órgano directivo seria un Comité Nacional, con 30 dirigentes no 300 como querían. El himno seria el nacional. Y no habría ni hoz ni martillo. Y…

Pero el compañero Vallejo tenía una preocupación. Su experiencia con los comunistas en particular, sobre lo sucedido en el conflicto ferrocarrilero le hacía desconfiar de ellos. Los responsabilizaba de haber provocado en 1959, la represión del gobierno contra los trabajadores ferrocarrileros. Además, el interés electoral que ellos manifestaban, era exagerado. Entonces convenció al PMT de que lo mejor era que las platicas para la creación de un nuevo partido con partidos afines, se pospusieran para después de las ya próximas elecciones.

Y así fue. Suspendimos las pláticas. Se enojaron. Y el 6 de noviembre de 1981, ¡sin nosotros!, nació el nuevo partido pero no con los acuerdos tomados sino con otros. Conservaron la hoz y el martillo, la Internacional como himno, el Comité Central y…tampoco se llamo PORM sino PSUM. Creo que Vallejo tuvo razón. Y, como recuerdo en mi relato, Arnoldo fue su candidato a la Presidencia.

Pasaron esos comicios, para nosotros, sin pena ni gloria. Nos dedicamos a fortalecernos como Partido e incluso, conseguimos el registro electoral, primero condicionado al resultado de los comicios y luego refrendado con miles de votos. Pero la izquierda en su conjunto seguía siendo testimonial. Así que en 1986 volvimos a insistir en la unificación. La operación de este nuevo esfuerzo, ya me tocó directamente a mí, pues estaba dentro de mis obligaciones, promover la unificación de la izquierda, como Secretario de Relaciones Exteriores del Comité Nacional del PMT.

Así que fui a iniciar pláticas en dicho sentido, con los dirigentes del PSUM, del MRP, de la UIC, de la CS y hasta una parte del PST. Los detalles de estas platicos y sus resultados positivos, también aparecen en mi libro, por si lo quieren leer. El caso es que de ellas, nació el Partido Mexicano Socialista (PMS). Creo que, en muchos sentidos, fue el mejor esfuerzo unitario de las izquierdas de entonces. Nació, en marzo de 1987, un Partido fortalecido insisto, en muchos sentidos.

Pero ese mismo año, 1987, fue de prolegómenos electorales. Y el nuevo Partido necesitaba entre otros candidatos, uno a Presidente. Así que se nos ocurrió organizar elecciones internas para, de entre varios aspirantes, elegir a nuestro candidato. A propuesta de Heberto Castillo, fuimos a ver al Ing. Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano (CCS) - quien recién había sido orillado a renunciar al PRI, encabezando una denominada Corriente Crítica, que luego se llamó Corriente Democrática, y ello le había acarreado buena fama -, para ver si aceptaba participar en nuestros comicios internos. No quiso. A insistencia de Heberto, regresamos con CCS, para ver si aceptaba ser candidato por el PMS. Tampoco quiso. Mas aún, por la prensa nos enteramos que CCS sería candidato a la Presidencia pero por otro partido, el PARM. Luego se le sumó otro, el PPS y luego la otra parte del PST.

Así que nosotros, como PMS organizamos nuestros comicios internos para elegir a nuestro candidato que al final resultó ser Heberto Castillo. La suerte estaba echada y parecía estar de nuestro lado, porque a principios de 1988, a la campaña de CCS no se le acercaban ni las moscas y nosotros, en marzo, llenamos el zócalo capitalino con Heberto como candidato. Pero…

Pero la campaña de CCS fue creciendo. Y cada vez con mayor velocidad. De tal manera que en junio, Heberto pidió a la dirección nacional del PMS que lo acompañara en su plan de declinar a favor del Ing. Cárdenas. Así fue. Entonces la campaña de Cárdenas de plano se fue a las nubes. Su triunfo, el triunfo del Frente Democrático Nacional (FDN), que era el frente electoral que lo respaldaba, sobre el candidato del Partido de Estado, o sea el PRI, se veía a la vuelta de la esquina. Pero la noche de aquellos muy competidos y polémicos comicios, gracias al Secretario de Gobernación, que es el mismo personaje que les recordaba líneas arriba, “se cayó el sistema” precisamente cuando íbamos arriba en la votación, y oficialmente ganó…. el candidato del PRI.

Dicho resultado, si bien fue adverso para el candidato y seguidores del FDN, fue propicio para volver a empujar otro proceso de unificación, ahora de todos los apoyadores del Ing. CCS, en un solo Partido. En la talacha de este nuevo esfuerzo me volvió a tocar participar de manera directa. Todavía, cuando nació, el 5 de mayo de 1989, me tocó hacerla de maestro de ceremonias del Congreso Constituyente del PRD. Hasta me tocó la credencial número 1. Claro que desde fines de 1996, me harté de decirles que el PRD iba de mal en peor sin que me pelaran y convencido de que nadie sabe para quien trabaja y dejé de participar partidariamente. Desde entonces, solo participo apoyando causas concretas, que me perecen justas y a favor de la sociedad en su conjunto y de los trabajadores en especial.

Repito, los detalles de estos esfuerzos aparecen en forma de relatos en mi libro, “Cuando correteábamos utopías”.

Finalmente, creo, a manera de autocrítica, que los proyectos unificadores, el PSUM, el PMS y el PRD, no llegaron a cuajar del todo, nunca se convirtieron en instituciones sólidas, como el PRI y el PAN, por ejemplo. porque por las prisas electorales, no les dimos el tiempo necesario para ello, y porque se impuso en el caso del PRD, una cultura política en donde ya nadie da brinco sin huarache. Por eso fueron desapareciendo. Por ello, el PRD se está extinguiendo. Y por elo, en su momento, el mismo P. MoReNa, correrá la misma suerte, acabado por su propia falta de institucionalidad.

Por cierto, he dejado constancia de todo lo sucedido y a tiempo he advertido de los fatales desenlaces de esos partidos. Ahí están mis artículos publicados y algo de ello aparece en mi libro, como mero testimonio, de la crisis del PRD, como caso reciente. Crisis que se agravó desde 1996, cuando las fuerzas vivas del PRD entronizaron a un nuevo Tlatoani, que acabó destruyéndolo y… Eso también, se los dije a tiempo.

Quizá haga falta un nuevo esfuerzo unificador de los que aun correteamos utopías, porque sigue haciendo falta la socialización del poder político en nuestro país, porque ...

Porque ahora, volviendo a la actualidad, 29 de noviembre del 2019, parece que estamos volviendo al pasado, a los problemas del pasado: Observen bien y …de nuevo hay un Partido de estado, con vicios priístas, similares a los de antes: caudillismo, un presidencialismo que como antaño, controla los tres Poderes federales y a un nuevo Regente o Regenta, de la capital, un centralismo antidemocrático como en el antepasado, paternalismo, clientelismo presupuestal, corporativismo, amiguismo, nepotismo, influyentismo, culto a la personalidad, y esa otra forma de corrupción que es la ineficiencia como sello de la nueva clase política. Aparte, sigue privando la injusta distribución de la riqueza, y los grandes empresarios siguen mandando; Y la inseguridad y narcotráfico que ahora están desbordados y con personas asesinadas a diario y por todas partes, y, como país, más dependientes y más controlados por el gobierno de EU.

Y ya mejor le paro aquí, no vayan a decir que vine a criticar o de plano, les vayan a cerrar el changarro. He dicho.

Muchas gracias.

México, CDMX, a 29 de noviembre del 2019

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